Hace unos cuatro años terminé una tormentosa relación de casi cinco años, una de esas de las que no sabemos como salir. Cada vez que el corazón te dice que ya no lo quieres, viene la razón y te da un millón de argumentos que en ese momento te parecen válidos, que si todo el tiempo juntos, que si todos los esfuerzos y logros comunes, que si la familia, etc, etc. Hasta que un día la más mínima caricia de tu pareja te asquea, te amargas el carácter, siempre andas triste y es tan grande el vacío de tu corazón que no puedes soportar más su presencia y la necesidad de tener a alguien que te llene el alma.

Al encontrarme sola nuevamente despues de tanto tiempo me sentía perdida, ya no tenía contacto con la mayor parte de mis amigos y los actuales solo eran parejas. Ahora ni se como fue que comencé la amistad con dos viejas conocidas de la universidad, ellas marcaron el principio de mi despertar a la vida.

Dos mujeres increibles, muy libres, con una altísima auto estima y una visión de la vida tan abierta y diferente, nada que ver con la proyección conservadora de mi vida anterior. Con ellas viví muchas cosas, nuevas experiencias que enriquecieron mi espíritu. Por esos días conocí a alguien muy especial. Tenía casi todo lo que se podía pedir en un hombre, alto, fuerte, lindo, jovial, masculino, romántico, detallista, con unos ojos verdes que combinados con su sonrisa podían acelerar el corazón de cualquiera, pero teníamos diferencias sociales y de edades. Mis prejuicios eran fuertes y cerré mi corazón a lo que hoy sé, hubiera sido tal vez una de las mejores experiencias de mi vida si hubiera entregado el alma. Era un hombre hecho para amar a una mujer en toda la extensión de su palabra.

Un día murió, así, de repente y con él toda su magia. Hoy lo recuerdo como aquel Adonis que su sola silueta encendía mis entrañas, como el hombre que hizo con mi cuerpo las cosas más increibles sin apenas tocarlo. Su muerte y la influencia de mis amigas me hicieron darme cuenta de que no debemos negarnos a experimentar, a vivir, que hay que abrir el corazón y tomar los riesgos del sufrimiento y sobre todo, que debemos olvidarnos del mundo, pensar solo en nosotros.

Después conocí al más genial de los hombres, genial por la frescura de su mente y lo increible de sus ocurrencias, sin los encantos del anterior, pero muy divertido y con la concepción también de mi nuevo mundo. Mente abierta, vida a plenitud, corazón abierto. Todo era increible con él, pero faltaba lo que antes me sobraba, química. Y así llegó a su fin, no sin antes dejar en mi la huella de sus gustos musicales, de su frescura, alegría y forma de ver la vida.

Y eso es todo, así aprendí amar, después de sortear estos obstáculos y nutrir mi mente y mi alma de esas experiencias estaba lista para amar. Tomé la decisión de amar a alguien. Y esa fue mi enseñanza de todo esta historia, AMAR ES UNA DECISIÓN, solo que es una decisión para la que debes estar preparado un poquito.

Así llegué a donde estoy hoy, perdidamente enamorada, amando con todas las fuerzas de mi corazón a un hombre. Un hombre que logra el equilibrio, al hacer que mi cuerpo sienta cosas increibles y deleitarme con sus ocurrentes ideas. Debo decir que tiene su sello, los labios más dulces del mundo, el olor más sensual de todos y la más vigorosa masculinidad que he conocido.

A este hombre fue el que decidí amar aún sin saber de sus más grandes atributos, él es quien hoy acelera mi corazón con un susurro o con un roce de labios en mi cuello, él es... casi perfecto, tiene un solo gran defecto, que provoca otros que mejor ni mencionar, un defecto común que cierra esta historia de forma pintorezca, él... simplemente...
NO ME AMA.