Son las once y cuarenta de la noche, estoy en mi casa, me dispongo a dormir, te extraño, no hace falta decirlo, todo el día de hoy te he extrañado, el fin de semana completo, la semana pasada, el mes pasado entero, en fin, no he dejado de extrañarte, ni un segundo desde que te fuiste hace ya 73 días, 15 horas y cuarenta minutos, ando por el cuarto...
Comienza a llover, es el primer aguacero de mayo, SI, es un aguacero, la lluvia arrecia por segundos. Entreabro las persianas del cuarto y percibo el olor a tierra mojada, cada vez es más fuerte el ruido del agua golpeando los techos, las calles, los árboles… te extraño más aún, tengo una nostalgia enorme de ti, deseos de sentir tu piel, me llena un gran vacío, siento unas ganas incontenibles de escribirte que....
Me acuesto en la cama, enciendo la laptop y comienzo esta carta con la lluvia de fondo. Sucede lo más predecible que podía pasar, se va la luz y con esto se apagan los sonidos, dejo de escribir, ahora es más fuerte el ruido del agua al caer. Decido abrir completamente las ventanas, corro el riesgo de mojarme, pero… debo hacerlo, la oscuridad es intimidante, acrecenta mi inquietud, mi falta de ti.
Me asomo y el espectáculo es magnifico, es casi media noche, increíblemente el cielo está enrojecido, como los últimos momentos de un atardecer de verano, es un tinte nostálgico que se vuelve brillante a ratos con los relámpagos. La ciudad parece muerta sin sus luces ni gente en las calles, solo lluvia, relámpagos, el cielo enrojecido, yo y mis pensamientos, o sea, tú en mí.
Disfruto el momento, me dejo invadir por tu ausencia. Una brisa fresca golpea mi rostro, cierro los ojos, imagino que son tus labios acariciando mi piel. Algunas gotas de lluvia en su andar hacia el vacío golpean la ventana y me salpican, primero una, luego dos, tres, cuatro… un sin fin de ellas, se refresca mi cuerpo para este momento febril de deseos de ti. Cierro la ventana y devuelvo mi cuerpo al reposo del lecho, te extraño…
Pasa el tiempo, escucho la lluvia y continuo navegando en tus recuerdos, parecen horas lo que he estado acostada deseándote, soñandote, amándote… Percibo el casi fin de la lluvia, los sonidos desaparecen paulatinamente, el silencio se va apoderando de todo, las calles, las casas, los árboles, la ciudad toda, mi cuarto, mi cuerpo, mi mente… Ahora soy más consciente de mi soledad, te extraño…
Vuelve la luz y con esta los gritos de júbilo de una multitud que si estaba presente, silenciosa, tal vez estaban sumergidos en recuerdos como yo, o en sus dolores, sueños, quien sabe, algunos pudieron estar incluso haciendo el amor. El grito de júbilo rompe el ensueño, me devuelve a la realidad y a los deseos de escribirte, retomo la laptop y termino estas líneas, no sin decirte una vez más te extraño…